(Re)adaptación

No queríamos y por tanto, no estábamos preparadas para volver. Si dejar atrás la patria es un proceso duro, lento y delicado, regresar a ella después de varios años, es todavía más azaroso. Situación que se complica aún más si tenemos en cuenta que la distancia nos duele y la obligada separación nos impide avanzar.

La vida no es fácil contando los días, ni echando la vista atrás compulsivamente, recordando fechas, caras, momentos, anécdotas, paisajes… Soñando con un mañana cercano, más a nuestra medida, a nuestro gusto, en otro lugar, con otras normas y otras vivencias más afines a nuestra realidad.

El primer año se nos fue rápido, inmersas en cambios, aprendizajes, recuerdos, costumbres y progresos lentos. Pero superada ya la mitad del segundo año, nos fallan las fuezas. No queremos continuar. Sentimos la necesidad inmediata de retroceder en el tiempo y volver a nuestra última ubicación, donde a pesar de todo, nos sentíamos cómodas.

Sabemos que nada sería igual allí tampoco. Los amigos ya no están, probablemente viviríamos en una zona nueva, huyendo de la masificación, cambiaríamos de colegio y volveríamos a las condiciones extremas del desierto, especialmente en estos meses de arena, cuando ya empezaría a amenazar el calor. Pero a pesar de todo aquello que en su día fue difícil y nos hizo desear volver a casa, hoy sentimos que nuestra casa es aquella.

Supongo que el proceso de adaptación se niega a saltarse fases y nos obliga a pasar por el rechazo y la negación. Alguna vez leí sobre esto en foros de expatriados… Sí, ese término sonoro y diferenciador que también ahora añoramos. Tendré que empezar a investigar sobre los efectos de la repatriación, algo de lo que pocas veces se habla y que no consiste en volver y ya está.

Analizando mis experiencias pasadas, puedo asegurar que mi primera emigración, aún habiendo sido voluntaria, fue compleja y la adaptación llegó a ser dolorosa, enfermiza en algunos momentos. Me enfrentaba a muchos cambios a la vez: idiomas, cultura, normas sociales, costumbres, trabajo, distancias, clima, transportes, familia, amistades… Todo ello era manejable, pues siempre encontraba recursos y me ofrecían ayuda, pero había algo que no conseguía dominar: mi cabeza.

Algo en mi interior me paralizaba y me impedía salir a la batalla sin miedo. Me asustaba lo nuevo, lo desconocido, las sorpresas, en general, lo inesperado, incluso cuando era bueno. Sentía que no podía, que no sabía, que todo me iba a salir mal, que por mi culpa los que dejé atrás sufrían… Y de pronto, un día cualquiera, comencé a caminar por aquellas calles peculiares, inundadas de contrastes y olores ancestrales, con una sonrisa involuntaria en los labios. El sol me parecía más brillante, el bullicio no me aturdía y los ojos comenzaron a ver más allá de lo que físicamente percibían. Llegó la paz…

A partir de entonces, no volví a sentir con tanta fuerza los efectos de la adaptación. Hubo momentos malos, nervios, enfados, impotencia, frustración incluso, pero eran momentos, días, períodos cortos, pasajeros… Hasta ahora.

No comprendo en realidad, por qué me cuesta tanto readaptarme a lo mío, ¡si es mío!, mi origen, el tiesto donde brotó la semilla y permanecen mis raíces… Comprendo en cambio, que Ella no se acostumbre, porque sus recuerdos de infancia pertenecen a lo que dejamos atrás y todo aquí es radicalmente diferente, no juzgaré si mejor o peor, simplemente es nuevo y muy distinto a todo lo que tenía y le daba seguridad.

Ella ha pasado ya por el miedo aquel que me invalidó a mí la primera vez. Ahora vive en el desencanto, con una sensación triste que la mantiene anclada al otro lugar y le impide conquistar el nuevo. A veces los nervios la traicionan y otras veces, siente angustia.

Juntas trabajamos la autoestima, tratamos de limpiar las emociones y nos fijamos metas positivas para el día de hoy, sin agobiarnos con lo que pueda pasar mañana. ¡Qué importa!, mañana siempre será mañana.

Al caer la noche, apago la luz, suspirando. Deseo que ese día cualquiera en que el sol vuelva a brillar y los ojos puedan traspasar la realidad objetiva, nos sorprenda a las dos cuanto antes y podamos abandonar esta carrera que nos mantiene exhaustas.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.